El Estofado que Desafiaba al Verano: Orígenes de una Tradición Coreana
Durante generaciones, la carne de perro ha formado parte del acervo cultural y culinario de Corea del Sur, especialmente durante los días más calurosos del verano. Estos periodos, conocidos como 'boknal', eran tradicionalmente vistos como momentos clave para reponer energías y combatir el agotador calor estival. El plato estrella de esta costumbre era el 'bosintang', un estofado caliente y nutritivo que, según la creencia popular, ofrecía vigor y resistencia frente a las altas temperaturas.
La relación entre un estofado caliente y la lucha contra el calor puede parecer paradójica para quienes no están familiarizados con la cultura coreana. Sin embargo, para muchos, consumir bosintang en los días de boknal era una práctica arraigada, una forma de revitalizar el cuerpo. Los restaurantes especializados en este plato prosperaban durante esta temporada, convirtiendo el verano en una época fundamental para su negocio. Esta tradición, lejos de ser un mero capricho, se insertaba en una concepción más amplia de alimentos revitalizantes, fundamentales para el equilibrio y bienestar en el día a día.
A pesar de su profundidad histórica, la práctica de comer carne de perro ha experimentado un declive constante a lo largo de las últimas décadas. La modernización, la influencia occidental y, sobre todo, el creciente papel de los perros como animales de compañía, han transformado la percepción social. Lo que antes era una costumbre aceptada, incluso celebrada, se ha vuelto progresivamente controvertida, especialmente entre las nuevas generaciones. Este cambio cultural silencioso fue la antesala de la transformación legal que ahora se consolida, culminando un largo proceso de reevaluación de los valores y tradiciones en la sociedad surcoreana.
La Ley de 2024: De la Tradición a la Prohibición
El punto de inflexión llegó en 2024, cuando el Parlamento surcoreano aprobó una ley histórica. Esta legislación prohíbe la cría, sacrificio, distribución y venta de perros destinados al consumo humano, marcando el inicio del fin para una industria que había existido por siglos. La decisión no fue abrupta; fue el resultado de una campaña sostenida por activistas de los derechos de los animales y figuras públicas, incluida la Primera Dama Kim Keon Hee, quien se ha manifestado como una firme defensora del bienestar animal.
En lugar de una prohibición inmediata, que habría generado un caos económico y social para los miles de negocios afectados, el Gobierno estableció un periodo de transición de tres años. Este plazo, que finaliza en febrero de 2027, permite a los comerciantes adaptarse y buscar alternativas. A partir de esa fecha, quienes incumplan la ley se enfrentarán a multas significativas y penas de prisión. La medida refleja un reconocimiento de la complejidad del problema, intentando equilibrar la protección animal con la necesidad de una transición justa para los afectados.
La transformación social ya estaba en marcha mucho antes de la aprobación de la ley. Encuestas gubernamentales revelaron un cambio drástico en las actitudes: el porcentaje de personas que habían comido perro el año anterior cayó del 27% en 2015 al 8% en 2024. Además, sondeos previos a la prohibición indicaron que más del 90% de los surcoreanos no tenían intención de consumir carne de perro en el futuro, y más del 80% respaldaba la prohibición. Este último verano de 2026, con el tercer 'boknal' de la historia como el último legal, es un testimonio de cómo la sociedad surcoreana ha evolucionado, dejando atrás una práctica que ya no resuena con la mayoría de sus ciudadanos.
El Mercado de Moran: Un reflejo de la transformación
El mercado de Moran, en Seongnam, fue durante décadas un epicentro de la carne de perro en el país. Sin embargo, su imagen ha cambiado drásticamente. Muchos restaurantes han optado por ofrecer otras alternativas, como el estofado de cabra negra, también promocionado como un alimento revitalizante. Los pocos clientes que aún acuden en busca de carne de perro son, en su mayoría, personas de edad avanzada, lo que subraya la división generacional en torno a esta práctica. Kim Yong-book, presidente de la asociación de comerciantes, describe Moran Market como un «pueblo de ancianos», reflejando el declive de una industria que se desvanece.
El Impacto y los Desafíos de la Nueva Era de Bienestar Animal
La prohibición de la carne de perro en Corea del Sur, si bien es un triunfo para el bienestar animal, no está exenta de desafíos complejos. La desaparición de la industria ha creado una pregunta apremiante: ¿qué sucederá con el medio millón de perros que, según estimaciones de 2025, aún permanecían en las granjas? Los agricultores se enfrentan a la dificultad de reubicar a estos animales, ya que muchos comerciantes y mataderos han dejado de comprarlos, y los refugios existentes no tienen la capacidad para absorber tal volumen.
La reubicación se complica aún más por las características de los perros criados para consumo. A menudo son animales grandes, seleccionados por su peso, lo que contrasta con la preferencia de muchos surcoreanos urbanos por perros pequeños, aptos para vivir en apartamentos. Además, algunas de estas razas, como los 'tosa' o sus cruces, están clasificadas como potencialmente peligrosas, lo que restringe aún más sus opciones de adopción. El gobierno ha respondido con fondos destinados a ampliar refugios y compensar a los criadores que cierren sus negocios de forma anticipada. Organizaciones animalistas, por su parte, han trabajado incansablemente para encontrar hogares en Corea del Sur y en el extranjero (Canadá, Estados Unidos, Reino Unido), pero incluso ellas advierten que encontrar un destino para todos será extremadamente difícil.
Este cambio legislativo es un reflejo profundo de la transformación social que ha vivido Corea del Sur. La mayor sensibilidad hacia el bienestar animal y el creciente papel de las mascotas en los hogares han remodelado las actitudes públicas. La ley de 2024, con su periodo de transición hasta 2027, convierte un cambio cultural ya consolidado en una obligación legal. Este último verano comiendo perro marca el fin de una tradición que, para la inmensa mayoría de los jóvenes surcoreanos, ya había dejado de ser parte de la normalidad. La sociedad ha avanzado hacia una mayor protección de los animales, un tema que resuena globalmente, como se discute en artículos sobre leyes de bienestar animal y la importancia de la protección de las mascotas ante condiciones extremas.
Un dilema generacional y cultural
La división generacional es palpable. Mientras clientes mayores como Yoo Jin-sam, de 69 años, lamentan la desaparición de una costumbre que los ha acompañado toda la vida, las nuevas generaciones ya no ven la carne de perro como parte de su dieta. Algunos veteranos se resignan a sustituir el bosintang por otras comidas, aceptando la decisión del gobierno a pesar de la nostalgia. Este contraste entre la tradición y la modernidad encapsula el dilema cultural que ha enfrentado el país, diferenciándose claramente de posturas como las de Corea del Norte, que aún recomienda la sopa de carne de perro para combatir el calor.
La prohibición de febrero de 2027 consolidará este cambio, no solo en la ley, sino también en la identidad cultural del país, cerrando un capítulo milenario y abriendo uno nuevo centrado en el respeto y el bienestar animal.
- **2015**: El 27% de los surcoreanos había consumido carne de perro.
- **2024**: El consumo cae al 8%; se aprueba la ley de prohibición.
- **2025**: El gobierno estima medio millón de perros en granjas.
- **2026**: Último verano legal de consumo de carne de perro.
- **2027 (febrero)**: Entra en vigor la prohibición total con multas y penas.
Este proceso es un claro ejemplo de cómo una sociedad puede reevaluar sus valores y transformar sus prácticas más arraigadas en respuesta a la evolución de la conciencia colectiva y las presiones globales.